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Mostrando entradas de diciembre, 2016

De melenas de plástico y pies chamuscados

No estoy tan viejo pero ya tengo bronca. Sé lo que va a pasar. No lo puedo evitar, y, más aún, lo voy a tener que ver y aceptar sin chistar. Tengo trentitantos y de la única etapa de mi corta vida que no reniego ni le cambio una coma es de mi infancia. En mi casa y alrededores aprendí palabras que otros chicos de mi escuela no conocían. Calcario, ponele. Cinco cuadras mitad tierra mitad asfalto para ir a tomar el micro e ir a la escuela eran la mayor preocupación. Y volver ya era rutina: mochila en el sillón; guardapolvo en una silla y cambiar largos por cortos para ir a patear al campito, cuna de cracks que no llegaron, de mates en ronda y ritos nocturnos. Me juré mil veces que jamás iba a ser tan melanco como la generación de mis viejos, que se jactaban de haber escuchado (con razón) la mejor música, de tener (sin razón) los juguetes y juegos más sanos, y un montón de pelotudeces más que ellos amaron y nosotros, los de los noventa nunca necesitamos. Pero ya lo siento, lo veo veni...