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Mostrando entradas de septiembre, 2020

Dale

  La Plata, 2020. Ella sabe qué los distanció hasta el final. Recreó esa última charla que no existió mientras se bañaba. La imaginó con vino y respuestas obvias. Con pocas palabras, como siempre. Cerró la canilla y agarró la toalla. La desesperaba tardar tanto en secarse. Recreó la charla dos veces. En la primera, ella sintió un alivio que jamás sintió. La segunda la empapó de terror como la piel al cuerpo y se mezcló con otros pensamientos que la salvaron y la llevaron a otro lugar. Cuando terminó la charla aún se secaba. Cómo puede tardar tanto alguien en secarse, se dijo. Agarró el celular empañado y apoyado en el bidet y chequeó el mail, dos veces. A veces falla se dijo, mientras las últimas gotas caían ese sábado de brisa invisible a las diez de la mañana, en un baño demasiado blanco de un monoambiente que la desconocía. Puso música y la sacó. Recordó los silencios que le gustaban. Miradas que eran aplausos. Lo recordó escribiendo esos cuentos interminables en la ...

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La Plata, 2020. Todas iguales. Cada una con su historia y sus ladrillos nuevos comprados de a puchitos, pero eran todas iguales. En un lugar así aprendés palabras que tendrías que haber aprendido más de grande, o nunca. Tejas, puteadas, losas, ¿calcario? Sí, las calles eran de “calcario”, nos decían. Será una manera cool de llamarle a la tierra? Todos los techos quisieron ser alguna vez rojos como un mar de acuarelas, pero entonces el viento. Y después el sol. Y la lluvia. Pobre la tierra cool con la lluvia, pero qué lindo el barro para surfear en patas y curar picaduras. La fauna estaba representada por una extensa familia de teros, que se escondían en los cañaverales linderos al Arroyo Maldonado y atacaban a cualquiera que quisiera robarse las tacuaras, alambrado de púas mediante. Muchísimas abejas, enemigas de ese barro para surfear; mariposas blancas, éstas se solían ver cerca del campito, escenario principal de la entrada sur del barrio; en la entrada norte se erigía el club del...

Automatic cortado automáticamente.

  Cartagena, 2020. Necesito sentir que mi mano izquierda se amiga con este lápiz, que se vuelvan a encontrar luego de un estribillo que los partió a la mitad y los distanció hasta el final. Te juro y te prometo que te escuché. Así respondo yo. Los platos están sucios y la tele apunta a la pared. Se mueven grúas y ya me dijiste dos veces lo que me viniste a decir. Aunque no necesito una respuesta, te escribo esta carta para desesarte un feliz año. Hablás en prosa, te diste cuenta?  Tus ojos no tienen nada que ver con los míos.  Cómo no te voy a responder? Cuando te fuiste no había terminado todo esto. Si, si. Dos veces me lo dijiste. Tus silencios son el mejor solo que escuché en mi vida. Me mata, me encanta. Te miro y me aplaudís. Al menos ahora. La casa está rara y mi cabeza no sabe qué mover. Te suena raro pero te estoy escribiendo esta carta con vos delante de mí. Me mirás y te sonrío. Pará un cachito que ya termino. Seguro no la vas a leer. No necesi...

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  Se mueven grúas y ya me dijiste dos veces lo que me viniste a decir. Te suena raro pero te estoy escribiendo esta carta con vos delante de mí. Tu nariz no tiene nada que ver con tu boca. Dos veces me lo dijiste. Pum. Si, si. Te juro y te prometo que te escuché. Así que te estoy respondiendo. Así respondo yo. Al menos ahora. Cuando te fuiste no había terminado todo esto. Me intriga saber cómo me vas a responder. Aunque no necesito una respuesta. Tus ojos no tienen nada que ver con los míos. Te miro y me aplaudís. Me mirás y te sonrío. La casa está rara y mi cabeza no sabe qué mover. Los platos están sucios y la tele apunta a la pared. Hay vino, y vos diciéndome todo esto. Cómo no te voy a responder? Pará un cachito que ya termino. No necesito decírtelo ahora, necesito escribir. Necesito sentir que mi mano izquierda se amiga con este lápiz, que se vuelvan a encontrar luego de un estribillo que los partió a la mitad y los distanció hasta el final. Hablás en prosa, ...