Noche de tres estrellas no dejo de extrañar otros Yo que imaginé, aquellos que fueron, mundo de una sien que no sabe de colores Pensando, quizás a veces sin querer. Dudando sin prejuicios creyendo, desarmando, Dios sabe que no soy y no me encuentro ni en Yo ni en Él . Espasmos de violento despertar la cercanía de mis hombros . Pesan los Yo . Pesan los Él . Pesan y creen saber qué, cómo, cuándo, de dónde Cielo de tres estrellas. de un mundo donde extraño , con la tele encendida y el volumen bajo iluminando mi cara azul. alguna vez creí que no era. Miércoles. Ciudad. sirenas. Tierra y sueño. Hermoso y derrumbado Yo sin amanecer. Jueves, oscuro, por supuesto. Abrazos que no prefiero. Palabras que no suenan. Yo y de nuevo Yo Separados al verso, diferentes. Viernes. Fui el de ayer. Es extraño e injusto saber que no será el de la tele encendida. No me interesa más la noche Ni que no hay alma ni fantasía. No hay final, ni triste ni feliz. Dios sabe que yo no creo en él. "¡Mue...
Él siempre dice que son como collares. De esos que pesan, que sentís que los tenés puestos. Dice que son ellos los que a veces no te dejan ver, de tanto que te pesan en el cuello. Podríamos pasar una noche entera llamándolos de mil maneras, pero ninguno será como ese nombre. Con Mauro nos encontramos cada jueves en el Café Portofino, que con sus puertas altas de maderas de cedro engalanan una esquina que es oscura hasta de día. No se puede pedir más que un tostado con jamón y queso y un café doble o cortado, pero cumple las veces de bar tranquilo. Y porque lo hace, es que terminamos allí, luego de recorrer cafecitos, cada jueves anterior. No tiene mucha explicación el día en el que nos juntamos. Calculo que uno piensa que el otro debe hacer alguna cosa. Y generalmente las cosas se hacen: lunes, miércoles y viernes. Qué sé yo. Nos gustó el jueves. Entre gente de collares nos entendemos, a veces sólo con una mirada de reojo. Con Mauro hemos compartido más que un café semanal. Pero, ...