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Mostrando entradas de 2014

El hombre del bolso verde

"Hubo algo que vino a mi mente y no dudé en soltarlo" Así comenzó mi charla con Eugenio Chávez Durán. Según su relato, había pasado los últimos años dando vueltas por cárceles de la provincia de Buenos Aires y parecía ansioso por contar algo anterior a su última aventura. Corría enero (en realidad ya se iba), eran las cinco de la mañana y ya no iba a poder dormirme. Algunos gorriones de voz aguda ayudaron a mi desvelo y bajé a la calle con mate en mano mientras esperaba junto a las aves los primeros rayos de sol. El televisor quedó prendido al igual que alguna luz. Fue en ese momento donde lo vi. Con un bolso verde opaco prominente a cuestas y un muro gigante en sus espaldas, Eugenio se acercaba por la calle empedrada mientras se reía del comentario de un oficial, al que saludó, y dirigió la mirada al portón cerrado sin dejar a un lado su mueca alegre. Por la oscuridad no se podía ver mucho, sólo se distinguía un sombrero panamá y camisa clara, algo manchada, haciendo ...

Soledad

Amaba su nombre. Básicamente porque nadie la conocía por él. Todos la llamaban Sol. Tal vez pensando que era Soledad, pero lejos estaba de serlo.

Me pregunto lo mismo

No es fácil pensar. Ayer por la mañana me planteaba que la mente a menudo se enreda en momentos de tensión finita, que nada bueno dejarán a los años venideros. Pero ella, tan inocente como atenta se deja llevar en tejidos de duda e hipocresía, y por lo general se pierde. En ese instante se olvida que tenía planes, o que puede darse una vuelta por los recuerdos que más la animan. No puede salir de allí, está atrapada como en un agujero que ella misma cavó. Igual la entiendo.

El viaje

No era de día, pero desde afuera venía una luz cansina que se colaba por la única ventana del baño. A ella la aterraba. No sabía qué significaba, así como tampoco esos ruidos que parecían motores grandes y cercanos. Cerró los ojos y quiso sentir cada gota cayendo sobre sus manos, su cabeza y su cuerpo, hasta que por un momento logró olvidarse de todo lo que pasaba a su alrededor. Y viajó.

#MicroRelato IV

A Esteban le gustaba buscar. Buscaba y buscaba por su ciudad. Le encantaba recorrer las calles empedradas, aunque cada vez que veía adoquines recordaba a aquella maestra de primaria cuando le decía que esas cuadras eran fruto de la corrupción. Dictaba matemáticas y manejaba un Citroën Amarillo, sin patente.

Querida Ana

La Plata, 9 de junio de 1989 Querida Ana: Han pasado ya unos años desde la última vez que te sentí. No sé si te aburriste de jugar en el patio sin verde de mi casa con techo de tejas y paredes pintadas por mí; o simplemente elegiste buscar otro espacio, más abierto o más cerrado al que puedas hacer brillar. Lo cierto es que la duda me invade, y por ello te escribo esta carta. Puede que sea la única forma de que me escuches.

El significado de la luz

foto: @nchampane Normalmente, cuando se encienden las luces es porque algo va a pasar. Alguien que va a buscar agua a la cocina, otro recibirá alguna puteada, o ha vuelto la electricidad después de una noche de tormenta. En fin, algo viene. La luz te invita a estar atento, lúcida. Pero acá, el pecho también debe estar alerta. La emoción comienza cuando las sombras se confunden con lo negro de la oscuridad y los primeros gritos desconocidos entre sí se empiezan a escuchar. Un tipo de negro, con pelo largo, blanco y rizado, se subió hace minutos adonde todos miran mientras algunas luces se encienden; movió un par de cables, tocó unas perillas y se fue. Los de abajo, inmóviles: fuman, conversan, miran los celulares. Los encendedores sólo encienden cigarros armados, ya no parpadean como hace tiempo. Nadie se inmutó por aquel de negro que subió al escenario, y la culpa la tuvieron las luces. Que, prendidas, quitan el dramatismo de no saber a quién mirar. Pero de pronto se van. Y no se ve...

#MicroRelato III

PASE Y VEA. En esta ciudad volátil, que destruyo y armo cada día, hay ofertas en cada esquina. En los almacenes del centro abundan aquellos besos despechados, que alguna vez quisieron arrimarse a una boca equivocada y terminaron solos, en el depósito de los olvidos. En la puerta de los estadios del "Amor a Primera Vista" se agolpan oportunistas sureños, en busca de una mirada que le de color a sus corazones agitados. No recomiendo ir al norte: Filósofos sin barba te harán ver la vida de otra manera. La verdadera realidad, aquella que nadie quiere conocer, al menos por hoy. por Ignacio Champane

#MicroRelato II

De posdatas y resentimientos Hace unas semanas, un domingo, llegó una carta a mi casa. No tenía firma alguna, sólo un dibujo, bastante desprolijo, que parecía ser un cubo pequeño, como un dado, pintado de un rojo pronunciado que llamó bastante mi atención. Toda mi vida esperé que llegue una carta con mi nombre en el dorso, de alguien a quien conocí hace tiempo, en una época anterior, en mi vida pasada. Pero claramente no era yo el receptor deseado. De hecho, no tenía destinatario, por eso no la abrí. La dejé en la mesa y esperé que alguien la vea y sepa qué significaba aquel garabato. Si bien no me desvelaba, sentía curiosidad por saber a quién le había llegado, en estos tiempos de redes sociales y poco romanticismo postal, aquel sobre arrugado, blanco, con ese aroma característico que le habían dado los años. Parecía añejo. Pasaron los días y nadie tomó la carta. Ni siquiera la notaron. Un miércoles, mientras todos cenaban, la tomé y me fui a mi cuarto, pero no la abrí. ...

Puede pasar una tarde de junio

foto: @nchampane Llegaba tarde al curso de Literatura que brindaba la Universidad Nacional, unos minutos, por lo que decidí no ir. No me gustaba que haya tanta gente al entrar al aula de la Facultad de Ciencias Económicas, que en ese momento se encontraba en plena remodelación. Como estaba cerca del centro, fui a dar un par de vueltas hasta que se me ocurra qué hacer con mi vida. Al menos con el resto del día. Eran las seis y media de la tarde, aunque la noche ya asomaba, acompañada de un frío viento que hacía dudar en salir a la calle.

Ausencia

facebook.com/zequealdemusica Quien va a estar a mi lado  el día que pierda toda fuerza Y las paredes del autoestima  se derrumben sobre mi espalda Si me descuidara o parpadeara, por sólo un instante no te viera Podría perderme o ahogarme en el olvido En una pesadilla sin vuelta sin retorno …

Sin palabras

" Nubes " Alguien. Las palabras no siempre suenan en mi cabeza a lo que en castellano refieren. Palabras hermosas, perfectamente ensambladas con las más pintorescas letras, que se utilizan lastimosamente para nombrar objetos inertes, y viceversa. Acciones y seres que el mundo anhela, encerradas en el disfraz de una palabra ruin.

Nativo

Banda: @EquilibristasLP Como rapaces se van, buscando tierra por mar. Sus flotas muestran piedad. Sin luces dioses vendrán.

#MicroRelato

El Guardián En un pueblo hay un animal encerrado al que todos temen. Incluso aquellos que ensillan sus caballos para meterse río adentro, en busca de un engaño para el hambre o el corazón , tiemblan al oír su nombre .

Creo que maté un ave

Estaba posada, con la mirada perdida entre los muebles de mi habitación, cómoda, a pocos centímetros de la cama sin hacer. No tenía nada que hacer allí. Debo confesar que lo pensé; no se si dos veces, pero lo pensé. Fue ira lo que sentí al ver que no me miraba, que me ignoraba. Y la maté.

Autodefinido

Cada tanto te veo en algún espejo, en alguna vidriera, mezclándote con los matices de la ciudad, y me pregunto si hoy sos lo que alguna vez quisiste ser. ¿Alguna vez quisiste ser alguien?

Mil maneras de conocerte

Ensayo sobre la muerte

Adrián Cáceres

foto: @nchampane Su nombre había sido durante treinta y ocho años Adrián Cáceres pese a que nunca le gustó mucho. La ciudad lo vio nacer, crecer, formarse en el Colegio Nacional, estudiar Medicina y atender en el consultorio de su hermana mayor, Elisa, por casi una década.

No es lo único

Cuento ganador del Tercer Premio del Concurso de Cuentos Roberto Fonatanarrosa, en el marco del Primer Congreso de Periodismo Deportivo, organizado en 2013 por la Facultad de Periodismo y Comunicación Social.  foto: @nchampane Era martes, y Daniel se despertó en el cuarto próximo al quincho del club 19 de Febrero. Los chicos de vóley se encuentran reunido, aprovechando el feriado del 2 de abril próximo, y debe cerrar las instalaciones cuando finalizara la fiesta. Pero entre charlas, anécdotas y un poco de música la noche pasó y cuando el último se fue, el sol ya intentaba asomar entre algunas nubes densas que teñían de gris el barrio que llevaba el mismo nombre del club. Daniel era un hombre bastante bromista, de unos cuarenta y tantos, todos y cada uno de esos años vividos en la misma casa: la 152. El barrio era raro. Los números de las casas no respetaban veredas, sino manzanas, y todas las calles se llamaban igual: 118. Para el forastero más allá del diagonal 690, era u...