Estás por hacer algo y la magia aparece. Los sentimientos tienen nombres, pero son todos uno. Es como esos idiomas latineros que se codean por una tilde a la inversa, pero dicen algo parecido. Las palabras se unen en tu alma, musculosa y pasional, que quiere correr despacito.
Estás por comenzar una nueva etapa, y cuando comienza un sueño o algo que pensaste mucho tiempo y tenés que dar más de un paso para arrancar, aparece el sentimiento. Aparece el miedo enfrascado en recuerdos de otro y una ansiedad tosca y gallega que pretende cegarte. Aparece el latín puro en una idea y aparecen esos otros que no sabés ni el nombre pero son tan temerosos que terminan por asustarte.
Es todo el mismo sentimiento, un poco maquillado para bien o para mal.
Hoy comienza un día y lo arrancaste maquinando, allá por la medianoche, sabiendo que tenés que empezar a caminar con tus ideas, abrazarle los hombros y charlarlas para que siempre estén de tu lado.
Y en esa larga caminata, en tu cabeza, esa familia ensamblada de pensamientos enramados en la piel hacen cola para ponerte un freno o darte un consejo e ilusionarte con un futuro ideal.
Y en esa larga caminata, en tu cabeza, esa familia ensamblada de pensamientos enramados en la piel hacen cola para ponerte un freno o darte un consejo e ilusionarte con un futuro ideal.
Te hacen pensar que pensar es hacer.
Utopías.
Pero sin darte cuenta, ya estás caminando y, por suerte, acompañado. Porque con los idiomas las palabras fluyen. Con los sentimientos las ideas vuelan y de repente ya estás en el pogo. Como nunca lo hiciste. En tu vida corriste más de dos minutos y, ahora que sos apenas bilingüe de sentimientos se te dio por correr una maratón sin fin. Bien vos.
Utopías.
Pero sin darte cuenta, ya estás caminando y, por suerte, acompañado. Porque con los idiomas las palabras fluyen. Con los sentimientos las ideas vuelan y de repente ya estás en el pogo. Como nunca lo hiciste. En tu vida corriste más de dos minutos y, ahora que sos apenas bilingüe de sentimientos se te dio por correr una maratón sin fin. Bien vos.
Te convencés de arrancar sin elongar, y que la cabeza corra a los empujones con el corazón.
por Ignacio Champane
ph Bansky
por Ignacio Champane
ph Bansky

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