Pepe se cansó
y sus pensamientos yacieron
y golpearon duro la arcilla.
Una boca abierta pero muda.
Sus manos labran.
Las hojas cambian su humor
cuando son arrancadas
y gritan gritos
de dolor y protesta sin eco.
Sus dedos surcan el manto,
y se parecen entre sí.
Se mueven distinto pero se parecen.
La tierra se vuelve mugre sobre sus uñas.
Suelo de nube
Alpargata y ripio
Mañana se mojarán con la lluvia.
Pepe mira al cielo pero ya no ve,
y aterrizan con fuerza gotas negras.
No hay oídos que sientan
el deseo ambiguo
entre ser agua y piel.
Las gotas vienen de lejos, como Pepe,
que arrastra sus pies sobre el ripio
y le canta al camino.
Le canta de a ratos,
entre dos pensamientos,
grita y se ríe.
Le canta al diablo,
desfiando un cerro.
El sol nubla su mirada y la distancia se hace eterna.
Sus palmas secas aplauden
a los girasoles que apenas danzan
porque lo odian.
Odian sus manos.
Por Ignacio Champane

Comentarios
Publicar un comentario