Detesto y anhelo;
Anhelo y detesto;
tus ojos se pierden en tus manos,
que se mueven al ritmo de tus palabras;
mis ojos se pierden en tus piedras
que no encandilan, desde ya,
pero son tan hermosas;
sos tan hermosa...
Te detesto pero, también,
amo tus movimientos,
y todo ese mundo que tus ojos inundan
de silencios y susurros.
Tu mirada va y viene entre siglos
y siglos de saber.
Tus límites se difuminan como en tu cara maquillada.
como en tus cartas que no valen nada.
Ilusiones condensadas
Que se ríen de mí con amor ronco.
Senderos y caminos de ayer;
sacerdotes y magos hebreos;
imaginando tu aleph;
tus cábalas que detesto
parecen tener alma.
Tus manos que me enceguecen
Y no puedo salir de ese mar
Que aparenta ya estar muerto.
Voluntad divina, sentimiento terrenal:
espíritus amaderados.
Mis ojos ciegos libres van y vienen
Entre tus uñas mágicas y alquimistas,
(esas manos que me marean...)
Y conocen el estado puro de mi ser
Detesto tus cábalas;
A tus muertos y los míos;
Detesto verte sonreír;
Detesto tus vestidos y tu nariz pequeña,
Detesto cada una de tus enseñanzas.

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