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#MicroRelato IV

A Esteban le gustaba buscar. Buscaba y buscaba por su ciudad. Le encantaba recorrer las calles empedradas, aunque cada vez que veía adoquines recordaba a aquella maestra de primaria cuando le decía que esas cuadras eran fruto de la corrupción. Dictaba matemáticas y manejaba un Citroën Amarillo, sin patente.

Sin embargo, a él le gustaba cómo su bicicleta resonaba al pisar las grises piedras, mientras él buscaba. Un día, era invierno, Esteban se topó con una joven curiosa que lo miraba mientras él fotografiaba unos árboles, de los cientos que había en la rambla. La chica, de ojos claros y no menos de veinte años, se le acercó con timidez sosteniendo una hoja en blanco y le hizo una pregunta que cambió su vida.
-Qué buscás?
Esteban no tuvo respuesta ante la espontaneidad de la incógnita. La miró, y una risa compasiva se desprendió de su rostro juvenil y apacible. Miró su bici embarrada, apoyada contra un banco y comprendió que no debía buscar más.

por Ignacio Champane

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