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Entradas

Pepe

Pepe se cansó  y sus pensamientos yacieron  y golpearon duro la arcilla.  Una boca abierta pero muda.  Sus manos labran.  Las hojas cambian su humor  cuando son arrancadas  y gritan gritos  de dolor y protesta sin eco.  Sus dedos surcan el manto,  y se parecen entre sí.  Se mueven distinto pero se parecen.  La tierra se vuelve mugre sobre sus uñas.  Suelo de nube Alpargata y ripio  Mañana se mojarán con la lluvia. Pepe mira al cielo pero ya no ve,  y aterrizan con fuerza gotas negras.  No hay oídos que sientan  el deseo ambiguo entre ser agua y piel.  Las gotas vienen de lejos, como Pepe,  que arrastra sus pies sobre el ripio  y le canta al camino.  Le canta de a ratos, entre dos pensamientos, grita y se ríe.  Le canta al diablo, desfiando un cerro. El sol nubla su mirada y la distancia se hace eterna.  Sus palmas secas aplauden  a los girasoles que apenas danzan ...

Te miro

Te miro pasar, mejillas sin pena, labios cansados, mis manos embarradas entrelazadas; mi cuerpo hecho canción que aún no se desvela. Muevo mi cuerpo desesperado, no puedo detetenerme, tambaleo agotada pero no caigo. Te miro pasar, mis dedos se confiesan entre sí que la recuerdan. Las gotas mueren con nuestro calor Ya no siento nada mientras te miro. Mis palabras se escribirán De mil maneras. Mi abuelo amaba la calle, pasaba horas mirando hombres y mujeres. Una vez me contó que desde su casa no se veía el amanecer y corría desesperado hacia cualquier parte con sus pies de tierra. Arriba mío hay sombras y por un instante me pierdo en mi reflejo, que baila, y quiero bailar y saber si tiene frío. Quiero abrazarla y que me abrace. Quiero bailar con ella. Te miro, te estás yendo. Pero te miro.  Escondido entre los hierros cruzados, no te atrevas a mostrarme los dientes. No tengo himno, no tengo más corazón. Pero escucharás por siempre estos retazos de tela. Te miro. Y te veré marcha...

Mirando al Sur

La noche en Ushuahia es a veces noche y a veces amanecer. Javier miraba el cielo negro e intentaba despejar la cabeza de a sorbos. El lunes de esa semana, cuando fue a visitar a sus hijos a la casa de Marcela, su ex mujer, los encontró encerrados en un armario oscuro, llorando. Tuvo que romper la puerta de entrada, tuvo que encargar una nueva ese martes, y tuvo que denunciar a la niñera y buscarla por toda la ciudad con su Duna 93', que respondía como el primer día. -Fue esa psicópata del norte-, le repetía a los oficiales, como si todos la conociesen así. Como si todos la odiaran como él. -Quedate tranquilo, Javi, la vamos a encontrar. Dónde se puede ir?- le dijo Adrián, que además de comisario había hecho la secundaria con él. -Pudieron haber muerto-, se repetía y miraba el techo desvencijado de la estación de policía. No hacía frío y la luna y el sol se acomodaban en un cielo que se cerraba y se cargaba de sombras. El miércoles, Javier había tenido una fuerte discusión con Marce...

Memorias de mi memoria

Se buscan aliados siempre. Un cable desacomodado sobre el suelo o un bicho que aún no sé el nombre. Los brazos de mi mamá o simplemente llorar. Mis dedos aprietan con fuerza las maderas largas que no son madera, mientras de lejos se oye el momento, se oye como una murga que se acerca y se tersan mis patas chuecas. Lo oigo y lo siento. Todo es más liviano de lo que parece. Los monstruos que me rodean claman por mi ritual.  A sesenta centímetros del suelo son otros los vientos y me cuesta pararme, mantenerme en pie. Mi tambor ancestral de cuero que no es cuero pesa sobre mi cintura y me mancha de azul. Mi espalda desnuda comienza a sudar mientras muevo mis manos. Los gritos y la música ensombrecen los golpes secos y río para no llorar, porque otra cosa no sé. Mis rodillas torpes no saben ir a ritmo, e ignorantes aportan lo suyo al ritual de sonrisas y carcajadas largas. Y río. No puedo parar porque no sé cómo se para. En un instante el techo de madera me mira de lejos con sus mil ojo...

Voy

La Plata, 2020.   Perdón si no te contesté ayer. Sobre los árboles no vas a caer. Ninguna sombra me avisó, Mis manos no hablan, no escuchan. Sentiste esas ganas otra vez De ser vos quien te lleva. Quien maneja, quien lo usa. Hoy no será, y no sé por qué. Tus ojos y el viento parecen pelearse. Hay una pequeña ruta, es lejos. Bueno, son muchas, es verdad, Siempre supiste más que yo, y me gusta. No sé por dónde empezar. Acá voy. Ignacio Champane.

El rey de la ofi

La Plata, 2020 No puede. Intenta pero no puede y lo llena de miedo. El recuerdo de la mañana del viernes lo sigue enmudeciendo a Emilio, hasta hoy, lunes 22 de octubre. Hace un calor incómodo y desubicado y la oficina está llena. No hay trabajo. Emilio hace rato que va para no trabajar. Se podría haber jubilado hace tiempo, pero le encanta ir a hablar con sus compañeros, tratar de sentirse cómplice de los más jóvenes, contar anécdotas de lo que pasaba hace años en esa oficina, y de lo que no. Hablar, hablar y hablar. Pero hoy no. No puede. Adrián se olvidó la corbata y Emilio no se dio cuenta. Su ladero Victor no lo podía creer, en su cabeza había encontrado la joda perfecta y la excusa de charla de toda la mañana. Afuera de la oficina había ochenta personas intentando que alguien les de bola, pero Victor se relamía con la cara de miedo de Adrián, el nuevito que no sabe lustrar un zapato y hoy parece que salió apurado. Pero claro, Victor no podía joder solo, no tiene ni el carism...