Ensayo sobre la muerte
A vos te hablo, la que en un mundo completamente machista y atropellado, todos te tienen miedo. Miedo de no saber cómo sos. Quién sos. Cuándo venís. Si alguna vez te irás. Sienten respeto por vos, y seguís apareciendo como si nada. A veces lejos, otras cerca, en lugares donde duele.
Debo reconocer que algunos te buscan, tal vez no de forma directa. Otros te encuentran en el camino, mientras defienden tal vez un pedazo de tela; un compañero; un ser tan fuerte como imaginario. Me encantaría saber cómo te sentís cuando te vienen a vos sin que los llames.
¿Sabés las veces que escuché hablar de vos por acá? Debes ser la más nombrada no sólo a mi alrededor, en todo el mundo. Y lo peor es que a todos los que escuché mencionar algo de vos, no te conocían, ¡Que absurdo! La gente que se sentó horas, días a escribir sobre vos, y ni siquiera había tenido el agrado (o no) de verte, de sentirte dentro.
Reconocé que a veces te topás con gente que tiene cosas por hacer, y a vos no te importa, ¿o te importa demasiado? Sos indescriptible. Esas personas no querían encontrarte, ni por casualidad. Tenían hijos a quien retar una vez más; mujeres para darles el último beso. Y ahí aparecés, una tarde de noviembre, de ocubre o de septiembre, a romper con la armonía.
Ojo que algunos bastante merecido lo tienen. Yo, con todo el respeto que te tengo, no le deseo a nadie un encuentro con vos. Pero hay gente que, a una conocida tuya, la han tratado como si nada valiera; hasta que te cruzaron, mientras pensaban en cualquier cosa, mientras miraban la autopista, o un cañón apuntándoles. Creo que ellos no piensan en vos. Por lo menos no en ese momento. Piensan en el pasado. O directamente no tienen tiempo. Sos veloz.
¿Nunca te sentiste incómoda? Mientras hacés tu trabajo (¿es tu trabajo?), un allegado a tu elegido piensa en cuánto dinero le corresponderá el día siguiente, y habla con la mujer del que se fue con vos, ¿no te dan ganas de llevarte a otro? Debe ser difícil. Hay gente que te menosprecia. O desea que te encuentres con alguien cercano.
A veces intento pensar qué se les pasa por la cabeza a aquellos locos que se ponen a escribir sobre vos. A pensarte.
Me intriga saber qué sintieron cuando te conocieron. Tal vez se encontraron con que no sos como ellos pensaban. Puede ser que alguno te haya imaginado tal cual. Sé que te daría rabia. Sos una incógnita que no querés ser descubierta.
Una vez escuché una historia de alguien que amaba dedicarte estrofas de palabras tan armoniosas como misteriosas, y que allá por 1849 te encontró. Con apenas cuarenta años, ya había perdido toda lucidez, esa que lo había colocado entre las personas más queridas de Boston. Y te presentaste ahí, en el mismo hospital donde alguna vez visitaste a cientos de personas, y te apoderaste de esa mente prodigiosa, de esos dedos que sudaban versos. Dejaste tanto misterio esa noche, y sólo conociste a un hombre.
Ahora, yo me pregunto, ¿qué pasa cuando muchas personas se encuentran con vos, en el mismo lugar? Porque pasa seguido, ¿no? Todos jóvenes con el mismo corte de pelo, sosteniendo el mismo metal, en la misma llanura. Y de repente, sin querer, te encuentran. Me gustaría saber que sentís. También quisiera saber si sentís. Esos chicos te fueron a buscar, sin saberlo. Por lo general van de parte de algún hombre de traje. Pero van por su voluntad, por lo que ellos aprendieron. El compañerismo los lleva a ir todos juntos a conocerte, o enviarte candidatos.
Te confieso que por momentos te quiero conocer. Pero en un instante me distraigo con algo que pasa a mi alrededor. A veces eso que pasa sos vos, y últimamente bastante seguido. Me estás rozando sin que te pueda ver, y los roces duelen. Algunos más, otros menos, pero hieren. De eso estoy convencido que sos consciente.
Vuelvo a lo de antes, si no te molesta. Qué raro debe ser que muchas personas se topen con una cita con vos en el mismo lugar, con diferencia de horas, días. Ellos no se preparan para verte, aunque algunos te desean. Los que no aguantan más. Los que piensan que vos sos aquel que viene una vez por día a ver si las cuerdas que atan sus manos están bien sujetas. Tienden a confundirte con esos de los que te hablaba, los que se ganaron el premio de conocerte. O por lo menos, lo merecen.
Presiento que no te agrada mucho que te busquen. Sos misteriosa. Por eso te tienen miedo, porque nadie sabe como es una cita con vos. Y eso a veces seduce, más con una situación límite. Un psicólogo ya no los ayuda. Un psiquiatra los hace sentir mal. Te buscan a vos. Y no creo que eso te guste. Sin conocerte, siento que te emociona el momento en que nadie espera que aparezcas para hacerte presente. A veces no sos bienvenida, y sorprendés a todos con la persona que elegiste, ¿todos tenemos nuestro momento a solas con vos? Si es así, me encantaría saber cómo va a ser. Pero pensarlo, te confieso, me da escalofríos, que no son de miedo, sino de desesperanza de saber cuán poco me voy a acordar de nuestro encuentro.
Mientras pienso una oración, imagino mil formas de encontrarme con vos, pero no me animo a decírtelas, por las dudas que esté en lo cierto. Me gustaría pasar una noche escuchando historias tuyas, ¿cuándo sentiste placer de conocer a alguien?, seguro muchas veces. Igual, yo me resigno a seguir pensando en vos. En algún momento todos te vamos a conocer, ¿y si todos juntos acudimos a vos?, ¿qué harías?, ¿alguna vez pensaste en esa posibilidad?
Ultimamente están pasando cosas raras por acá. Aviones que vuelan bajito, montones de personas que no se conocen entre ellas peleando por ideas de otro, sedientos de poseer algo que jamás será de ellos. Y en el camino de algunos, siempre aparecés. Y cada vez con más frecuencia. Creo que el humo gris y espeso te sienta bien.
¿Tendrás la injusta ventaja de saber lo que viene?
Debe ser también un castigo. Pensar en lo que viene y no vivir lo que está sucediendo a tu alrededor. Pero si es así, es algo que puede explicar muchas cosas acerca de vos. ¿Por qué nadie te ve, y todos te conocen? Que no te queden dudas de que todo el mundo habla de vos. Sos seductora, familiar.
Y, sobretodo, se debate mucho de cómo te despedís, qué viene después, si es que dejás algo. Pero no se dan cuenta que vos sos ni más ni menos que un instante. Que vos no producís dolor, los sentimientos se expresan antes de conocerte. Te imagino blanca y radiante, todo lo contrario a lo que piensan algunos. Nadie te quiere cruzar, pero todos aman escuchar de vos, de tus características, tu aspecto. Si todos te odian, ¿por qué tienen la necesidad de saber de vos?
Así sos, única. Producís lo que nadie en este planeta, en este momento. Miedo da el camino. Sufrimiento las personas. Pero vos das tranquilidad. Ahora entiendo a esos locos que escriben sobre vos. Te piensan, te desean, y así se liberan de vos, hasta el momento del encuentro, que jamás recordarán. Perdonálos por no saber nada de vos. Por lo menos, intentan conocerte un poco más.
por Ignacio Champane

Comentarios
Publicar un comentario