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El viaje

No era de día, pero desde afuera venía una luz cansina que se colaba por la única ventana del baño. A ella la aterraba. No sabía qué significaba, así como tampoco esos ruidos que parecían motores grandes y cercanos. Cerró los ojos y quiso sentir cada gota cayendo sobre sus manos, su cabeza y su cuerpo, hasta que por un momento logró olvidarse de todo lo que pasaba a su alrededor. Y viajó.

#MicroRelato IV

A Esteban le gustaba buscar. Buscaba y buscaba por su ciudad. Le encantaba recorrer las calles empedradas, aunque cada vez que veía adoquines recordaba a aquella maestra de primaria cuando le decía que esas cuadras eran fruto de la corrupción. Dictaba matemáticas y manejaba un Citroën Amarillo, sin patente.

Querida Ana

La Plata, 9 de junio de 1989 Querida Ana: Han pasado ya unos años desde la última vez que te sentí. No sé si te aburriste de jugar en el patio sin verde de mi casa con techo de tejas y paredes pintadas por mí; o simplemente elegiste buscar otro espacio, más abierto o más cerrado al que puedas hacer brillar. Lo cierto es que la duda me invade, y por ello te escribo esta carta. Puede que sea la única forma de que me escuches.

El significado de la luz

foto: @nchampane Normalmente, cuando se encienden las luces es porque algo va a pasar. Alguien que va a buscar agua a la cocina, otro recibirá alguna puteada, o ha vuelto la electricidad después de una noche de tormenta. En fin, algo viene. La luz te invita a estar atento, lúcida. Pero acá, el pecho también debe estar alerta. La emoción comienza cuando las sombras se confunden con lo negro de la oscuridad y los primeros gritos desconocidos entre sí se empiezan a escuchar. Un tipo de negro, con pelo largo, blanco y rizado, se subió hace minutos adonde todos miran mientras algunas luces se encienden; movió un par de cables, tocó unas perillas y se fue. Los de abajo, inmóviles: fuman, conversan, miran los celulares. Los encendedores sólo encienden cigarros armados, ya no parpadean como hace tiempo. Nadie se inmutó por aquel de negro que subió al escenario, y la culpa la tuvieron las luces. Que, prendidas, quitan el dramatismo de no saber a quién mirar. Pero de pronto se van. Y no se ve...

#MicroRelato III

PASE Y VEA. En esta ciudad volátil, que destruyo y armo cada día, hay ofertas en cada esquina. En los almacenes del centro abundan aquellos besos despechados, que alguna vez quisieron arrimarse a una boca equivocada y terminaron solos, en el depósito de los olvidos. En la puerta de los estadios del "Amor a Primera Vista" se agolpan oportunistas sureños, en busca de una mirada que le de color a sus corazones agitados. No recomiendo ir al norte: Filósofos sin barba te harán ver la vida de otra manera. La verdadera realidad, aquella que nadie quiere conocer, al menos por hoy. por Ignacio Champane

#MicroRelato II

De posdatas y resentimientos Hace unas semanas, un domingo, llegó una carta a mi casa. No tenía firma alguna, sólo un dibujo, bastante desprolijo, que parecía ser un cubo pequeño, como un dado, pintado de un rojo pronunciado que llamó bastante mi atención. Toda mi vida esperé que llegue una carta con mi nombre en el dorso, de alguien a quien conocí hace tiempo, en una época anterior, en mi vida pasada. Pero claramente no era yo el receptor deseado. De hecho, no tenía destinatario, por eso no la abrí. La dejé en la mesa y esperé que alguien la vea y sepa qué significaba aquel garabato. Si bien no me desvelaba, sentía curiosidad por saber a quién le había llegado, en estos tiempos de redes sociales y poco romanticismo postal, aquel sobre arrugado, blanco, con ese aroma característico que le habían dado los años. Parecía añejo. Pasaron los días y nadie tomó la carta. Ni siquiera la notaron. Un miércoles, mientras todos cenaban, la tomé y me fui a mi cuarto, pero no la abrí. ...