Ir al contenido principal

#MicroRelato II

De posdatas y resentimientos


Hace unas semanas, un domingo, llegó una carta a mi casa. No tenía firma alguna, sólo un dibujo, bastante desprolijo, que parecía ser un cubo pequeño, como un dado, pintado de un rojo pronunciado que llamó bastante mi atención.


Toda mi vida esperé que llegue una carta con mi nombre en el dorso, de alguien a quien conocí hace tiempo, en una época anterior, en mi vida pasada. Pero claramente no era yo el receptor deseado. De hecho, no tenía destinatario, por eso no la abrí. La dejé en la mesa y esperé que alguien la vea y sepa qué significaba aquel garabato.
Si bien no me desvelaba, sentía curiosidad por saber a quién le había llegado, en estos tiempos de redes sociales y poco romanticismo postal, aquel sobre arrugado, blanco, con ese aroma característico que le habían dado los años. Parecía añejo.
Pasaron los días y nadie tomó la carta. Ni siquiera la notaron. Un miércoles, mientras todos cenaban, la tomé y me fui a mi cuarto, pero no la abrí. La metí en una caja, junto con fotos antiguas y un par de entradas de un recital de hace una década. Si no era yo el receptor deseado, pues que no fuese nadie.

por Ignacio Champane

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sobre el sol y la luna

 Insípida y repentina. Sal y ceniza. El frío de otro cuerpo. Anillos de fuego. Mar que los apaga. Ola que no ahoga y lágrimas que no mojan. Gritos infundados Vienen de otro tiempo. Voces que no esperan, A mi alma, no deben Aún no deben saber Que soy quien escucha y siente. Invierno y primavera sin sol ni luna. De afuera una melodía. Se siente como un golpe repentino Ante mis oídos Que nadie lastimó todavía. Jugando a no caer, en vilo por escuchar. Sombra en el espejo Intenta recordar Mucho más de lo que pueda ver Sin consuelo ni entendiendo Si las aves te sonríen O se están escondiendo del cielo. Ola que no ahoga Silencio que se aleja La esperanza no regresa. Promesas sobre mi pecho De un mundo que no es. Un recuerdo juega con mis ojos, Veo blanco el atardecer. Ojos hundidos en la piel No podrá comprender Si soy alma o corazón Si soy madre o padre Si mi cuerpo les da calor Si soy alguien que volvió A recordarles el silencio A ver con ellos un mar que moja Pero no como debe ser. Ola...

Un poema de tres páginas.

 -Me encanta lo exagerada que sos.- le dice.   La polaca se ríe mientras sus pies casi tocan la cara de Rita. Tiene puesta una tanga negra solamente, y lee mi último poema mientras se ríe y no me mira. Cada tanto dice algo que no Rita no entiende. La ignora con una indiferencia que se da entre dos personas que, se conocen tanto, que la indiferencia misma es el clímax, aunque se conocieron este año y es la segunda vez que se ven en su monoambiente. La anterior, cogieron un rato, hasta que Rita le dijo su apellido con tono argento, imitando al profe de Latín que patina la erre y que está muy caliente con ella, y no pudieron seguir. Cuando se sorprende por algo que dice ella, la polaca se ríe tanto que parece alguien que jamás se había reído en su vida. Durmieron, y almorzaron juntas en una despensa que peina canas.  "Me entiendo mucho con la polaca. Me gusta bastante estar con ella." le había dicho a un amigo Rita, hace unos días. San Telmo escupe ruido pero en el corazón d...